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domingo, 2 de marzo de 2014

¡Qué difícil es abrir una lata! (Una historia real como la vida misma)




Este artículo es un homenaje  a  aquellos que alguna vez fracasaron  al abrir una lata.

Ya de niño seguro que te fascino ver a tus padres abrir uno de esos pequeños recipientes que encerraba  aburridas y pacientes sardinas.

Tu pensabas ¡Yo quiero abrirla! Y casi siempre el primer  intento resultaba un fracaso, es una maniobra que requiera cierta pericia, y un hito importante en la vida de un niño.

Es un gran día ese en el que eres capaz de combinar maña con fuerza y conseguir  hacer la presión necesaria para que sin que el abrelatas se salga de su carril curvo,  hunda su punta perforando el metal.

Otro fracaso que alguna vez te puede haber ocurrido en una idílica excursión es descubrir que hay lata pero no hay abrelatas, que cara de tonto se te queda, y solo puedes quedarte mirando la lata como si fuese un obelisco en medio del campo.

Alguno al que le ocurrió esto , debió de ser el inventor del abrefácil de las latas modernas, pero no tan fácil, quien no se ha cortado al abrir una o se le ha roto la anilla del abrefácil generándole un nuevo problema.

Por todo esto se acuño en la cultura popular la frase “Vosotros ir abriendo las latas”, frase no tan inofensiva como parece y que podía encerrar en algunos casos el inicio de una tortuosa aventura.

No contentos con estas trabas para obtener los manjares encerrados en las “inofensivas”  latas, se les ocurrió a los responsables de las industrias conserveras un  escalón  más  en nuestra  tortura, los tarros de vidrio envasados al vacío.

Otro suplicio de la modernidad y que también ha dejado otra frase en la cultura popular “Ábrelo tú, que tienes más fuerza”  con la que te pasaban el problema.

En mi caso descubrí dos alternativas para vencer las tapas de estos tarros, la primera es muy simple, poner el tarro boca abajo y hacer palanca con un cuchillo para que entre aire en el frasco y así la presión atmosférica sea igual dentro que fuera del tarro y  no haya que hacer prácticamente fuerza para desenroscar  la tapa.

Pero algunos tarros no dejan ninguna holgura para poder meter la palanca, aquí se puede emplear otro truco.

Se coge una sartén pequeña, se calienta unos minutos y se coloca encima de la tapa del frasco, y se espera un minuto o dos a que la sartén le haya pasado el calor a la tapa del frasco, esta se habrá dilatado y será un poco más grande que el frasco de vidrio, lo suficiente para abrir sin casi resistencia la rebelde tapa.

Si después de leer estas notas te has sentido reflejado en ellas,  cuenta con mi apoyo solidario.

Nota: Este articulo esta basado en hechos reales.


Si te ha gustado este artículo te gustara saber lo que me aso un día en un restaurante, leyendo Mi plato de boquerones.
http://mgongarcia.blogspot.com/2010/10/mi-plato-de-boquerones-un-cuento.html

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