sábado, 1 de marzo de 2014

Cómo hacer una tortilla de patata.( Un concienzudo ensayo literario sobre esta arriesgada aventura culinaria)

La población del mundo se puede dividir por muchos criterios, siempre para cada criterio suele haber dos opciones, o si o no, o yin o yang , o blanco o negro.

Un criterio de aplicación más local en este caso, para españoles o extranjeros que vivan o hayan vivido en España, seria el de saber o no saber hacer una suculenta tortilla de patata española.

Yo, milite la mayor parte de mi vida en el grupo de los que no sabían , y dentro de este, en el subgrupo de los que si se las comían y en concreto en el sector de con ansias y mucho apetito.

Pero un buen día delante del fogón y la sartén tuve una corazonada, lo intente y fui protagonista de mi revolución sociológica que tuvo como desenlace el transfugismo al bando de los que si saben hacer una tortilla de patata, eso si manteniendome en el mismo subgrupo de comilones sector ansiosos, pero desde ese día vi a las tortillas de patatas con otros ojos.






Os voy a relatar mi experiencia.

Lo primero es tener la suerte de tener como compañera, en la aventura que estas iniciando, una sartén con todas las letras que tenga lo que los expertos llaman una superficie anti adherente y para los profanos se traduce en que no se pegue la tortilla a la sartén.

Para conseguir esto, además del protagonismo de la sartén debes ayudarla lubrificando la superficie con una cucharadita de aceite extendida homogéneamente por toda la sartén.

Pero previamente hay que hacer muchos otros trabajos, el primero, el más pesado y desagradable y nada creativo es pelar las patatas, a continuación ya comienza la creatividad con el troceado de las mismas, han de ser de un tamaño ni muy pequeño ni muy grande para que su fritura-cocción nos deje las patatas en el estado ideal para la segunda fase, esta primera fase se realiza en otra sartén más de batalla , no tan especializada y con abundante aceite hirviendo.

Simultáneamente mientras nadan las patatas en su mar hirviente, hay que realizar un hecho singular no exento de cierto riesgo, es cascar y abrir los huevos, esta parte de la aventura requiere cierta destreza para no dejar caer cascaras rotas al recipiente , si esto ocurriera hay que retirarlas, y si quedase alguna esta se delataría finalmente en la boca de alguno de los comensales que degustasen la tortilla, dejando un mal recuerdo de ella para siempre.

Una vez salvado este escollo hay que batir los huevos, cuando estos estén totalmente batidos los dejaremos reposar perdiendo las burbujas que tanta energía les había producido en su superficie, y no los dejamos reposar porque estén cansados, no, sino porque para entonces tendrá que haber pasado el tiempo justo para que las patatas estén en su punto, un estado intermedio entre fritas y cocidas con incipientes tonos dorados, pero solo incipientes, entonces es el momento de recogerlas y haciendo que suelten el aceite en ese camino de elevación desde la sartén a la fuente, donde reposaran breves instantes antes de recibir el huevo batido.

Procedemos a mezclar lo más íntimamente posible la patata y el huevo, echamos esa papilla embrión de la futura tortilla a la sartén anti adherente que ha visto todo, esperando el momento de su intervención.

Es importantísimo que el fuego sea lento , con muy baja intensidad para que empiece la cocción y que pase el momento crítico en el que con un fuego intenso se pegaría la papilla hasta en la campeona mundial de las sartenes anti adherentes.

En estos momentos se produce un hecho de satisfacción comparable solo a comerse la propia tortilla, este hecho es ver como empieza a cuajar el huevo y a tomar forma la tortilla que con ayuda de un tenedor hacemos patinar como un sola pieza por la superficie de la sartén.

Se acerca otro momento peligroso y fundamental, el conocido como darle la vuelta a la tortilla, para lo cual necesitaremos un plato de diámetro ligeramente mayor a la sartén, se lo pondremos como tapa y daremos la vuelta al conjunto, con cuidado pero con convencimiento, es triste que por falta de decisión y arrojo termine la tortilla en el suelo.

A continuación se deja deslizar la tortilla del plato a la sartén, con mucho cuidado para que se cocine la cara cruda, después y según lo artista que sea el cocinero y las ganas que le queden, se le dan un par de vueltas o tres a la tortilla con ayuda de un plato o en el aire, los verdaderos expertos, estas vueltas son para terminar de dorar la tortilla.

Y ya esta lista para descansar en el plato antes de ser degustada.

Espero que si sois del grupo de los que no sabían, con estas notas os animéis a hacer el cambio de grupo, a mi la experiencia me resulto satisfactoria.


Si te has sonreido con esta receta te gustara leer El país de los mil y un cafés.
http://mgongarcia.blogspot.com/2010/09/el-pais-de-los-mil-y-un-cafes.html

4 comentarios:

  1. soy del grupo que en teoría sí sabe hacer una tortilla, pero cada ocasión es diferente, obteniendo un ejemplar diferente y característico... jaja.

    Te he leido en La Comunidad y al comprobar que estas por aquí, abrí la puerta y entré. También me gustó lo que leí de Tu plato de boquerones, muy original.

    un saludo.

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  2. Me alegro que hayas descubierto mi blog.

    Bienvenida, seguro que te reiras.

    Un saludo

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  3. Interesante, pero a la próxima próxima deberías ponerle cebolla, está aún más deliciosa...¿O acaso eres del extraño subgrupo al que no le gusta?)

    Un saludo!

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  4. Hola, si me gusta con cebolla, pero eso es para nota, hacerla con cebolla es más díficil.
    Un saludo.

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